Es sabido que la naturaleza de toda rama es igual a la de su raíz. Por lo tanto, la rama desea, ama y codicia toda conducta de la raíz, y no tolera ni odia ninguna conducta que no esté en la raíz. Esta es una ley inquebrantable que se aplica a cada rama y a su raíz. Puesto que Él es la raíz de todas Sus creaciones, todo lo que hay en Él, y que se extiende directamente desde Él, nos resulta placentero y agradable (Baal HaSulam, Estudio de las Diez Sefirot, «Observación interna»).
La fuerza superior, el Creador, es la cualidad del otorgamiento. Amamos lo que existe en Él y no a Él mismo. Por ejemplo, me gusta comer bien, pero no me gusta cocinar; quiero tener mucho dinero, pero no quiero trabajar duro.
Nos encanta disfrutar de lo que hay en el Creador. Sin embargo, para lograrlo, debemos adquirir Sus mismas cualidades, pero no podemos; para nosotros es completamente irreal y parece muy distante y desagradable.