De hecho, cuanto más avanzamos y tratamos de reprimir nuestro ego, más crece. Sin embargo, debemos elevarnos gradualmente por encima de él y para ello necesitamos conexión con el Creador.
Por eso, empezamos a rogarle que nos ayude y no nos deje porque por nuestra cuenta somos muy débiles y no creemos que de alguna manera podamos vencernos a nosotros mismos. Trabajamos de esta manera día tras día. Éste es un trabajo intenso.