Las fuerzas más poderosas son las de nuestra mente – dice la Cabalá

Toda la naturaleza está construida sobre la unidad, la participación mutua, el equilibrio mutuo y el apoyo mutuo. Por lo tanto, cada participante en esta imagen interna aproximada, toma de ella cuanto puede y debe tomar para su existencia y no más.  

Pero el hombre, toma de la naturaleza sin considerar ¡absolutamente nada! Y no solo toma. Roba, destruye todas las especies, sin preocuparse de darles la oportunidad de recuperarse. Nos hemos desarrollado internamente con una actitud tan consumista, que no se puede hablar de algún tipo de equilibrio.  

Además, el hombre induce en ella un gran desequilibrio con sus pensamientos, porque estos son las fuerzas más grandes en la naturaleza.

El pensamiento es una gran fuerza. Vemos a partir del ejemplo de la naturaleza, que cuanto más poderosa es la fuerza, más imperceptible es, como si estuviera más oculta, como fuerzas nucleares, fuerzas subatómicas, fuerzas de radiación y ondas de radio. Y no sentimos en absoluto el mundo espiritual. 

En otras palabras, las fuerzas mecánicas fundamentales, operan a corta distancia, están aquí a nuestro lado. Y, cuanto más poderosa es la fuerza, más sutil es y menos la captamos. 

Por lo tanto, la Cabalá habla del hecho de que las fuerzas más poderosas son las fuerzas de nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestras relaciones con cada uno. Incluso aunque nos parezca: “¡¿Qué diferencia hace la forma en que piense sobre el mundo o la forma como trato a los demás?!”  

Pero de hecho, éstas también son fuerzas de la naturaleza y las más poderosas en su impacto, porque son de la más alta calidad. No están a nivel de la naturaleza inanimada, vegetal ni animal, sino a nivel de la humana y por consiguiente, causan el mayor desequilibrio. 

De este modo, con nuestra mala actitud hacia los demás, simplemente nos destruimos a nosotros mismos y a nuestro mundo. Así pues, tanto en la Biblia como en la humanidad en general, se nos dió un fundamento para el individuo: “Ama a tu prójimo como a tí mismo”. Todo el mundo está de acuerdo con este principio; sin embargo, nadie lo cumple. Si seguimos esta fórmula, entonces, por supuesto, llegaremos a una civilización completamente diferente. 

 

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