Le pedí a Dios que me ahorrará dolor a mí y a mis seres queridos.
Y Dios dijo: “No”.
Dijo que no le correspondía a Él quitarme el dolor, sino a mí renunciar a él.
Le pedí a Dios que me ahorrará el dolor,
y Dios dijo: “No”.
Dijo: “El sufrimiento te aleja de
las preocupaciones mundanas y te acerca a Mí”. (Claudia Minden Weisz, “Y Dios dijo: No”)