Solo Luz y Kli existen en el universo. Así como la Luz tiene diferentes tipos de manifestaciones ante Kli, también el Kli tiene diferentes formas de sentirse a sí mismo. Se siente a sí mismo en este mundo como inanimado, vegetativo o animado, donde no es consciente de sí mismo en absoluto, no sabe lo que es y actúa únicamente de acuerdo con su deseo de recibir.
Estos son los niveles inanimado, vegetativo y animado, en los que la creación no se ve a sí misma desde fuera y no puede estudiarse a sí misma. A continuación viene el grado de «hablante», «humano», en el que la creación puede relacionarse con su deseo de recibir y con todas sus cualidades desde fuera. Sin embargo, esto también es muy subjetivo.
Aunque se perciba a sí mismo de forma incorrecta, no pueda comprender lo que hay dentro del deseo de recibir, y no vea que todo esto está predeterminado de antemano; sin embargo, intenta conocerse a sí mismo como una especie de punto independiente, como un investigador objetivo y neutral que se estudia a sí mismo desde fuera.
¿Cuándo puede la creación, el Kli, juzgarse con total libertad? Cuando recibe la oportunidad de mirarse a sí misma desde la perspectiva del Creador. En la medida en que el Kli adquiere el deseo de otorgar, puede relacionarse con el deseo de recibir de la misma manera que el Creador se relaciona con él. Y no hay más que estos dos puntos: relacionarse como creación o como Creador.
Quiere saber más ¿Cómo construimos la intención de otorgar sobre el deseo de recibir?
Si una persona adquiere los Kelim de otorgamiento, entonces puede ver que hay dos mundos, es decir, dos tipos de conciencia, sensaciones, que existen en dos planos. Y antes de recibir los Kelim de otorgamiento, no comprende en absoluto que existe otro ángulo de visión, completamente diferente al suyo.
Para que el Creador se complazca
Pregunta:
¿Siempre existe en una persona el temor de que el Creador no le conceda algo?
Respuesta:
Ese temor siempre está presente en una persona. Si creo aunque sea un poco que recibo del Creador, entonces temo que Él no me conceda nada. Entonces corro a la sinagoga, hago una donación o cualquier otra cosa, solo para recibir de Él.
Esto no tiene nada que ver con la Cabalá. La Cabalá habla de cómo debo relacionarme con el Creador para que Él esté complacido, sin ninguna conexión conmigo mismo.
En primer lugar, hacemos una restricción (Tzimtzum) y adquirimos las cualidades de Biná, que no están conectadas con ningún cálculo respecto a nosotros mismos, sino que existen únicamente por el bien del otorgamiento (“Al Menat Lehashpia”). Cubrimos nuestro deseo de recibir para que no tenga ningún contacto con el recibir, y solo entonces comenzamos a recibir por el bien del otorgamiento.
Más información sobre Recibir con el fin de otorgar
El método de la Cabalá es el único método que funciona en la dirección opuesta. Todos los demás métodos se basan en el principio «Yo te doy, Tú me das». Esto es un intercambio, un cálculo: ¿Quieres mandamientos? Yo cumpliré los mandamientos y Tú me llenarás, llenarás mi vida, me darás salud, algo de dinero, honor, respeto, una familia, para que todo esté bien.
El jasidismo y otros métodos se basan en este enfoque
El Creador nos pone un semáforo
Antes de la invención de las señales de tráfico como medio para poner orden en el tráfico, los agentes de policía se colocaban en la carretera para regular el tráfico. En aquella época, mucha gente se enfadaba y se quejaba de que los agentes no hacían bien su trabajo y no prestaban atención a la fila de coches.
Pero hoy en día, quien regula el tráfico se ha vuelto inanimado, sin mente. Así que ahora cada uno acepta el veredicto de la señal de tráfico (semáforo), y nadie se enfada con ella ni le pide favores (Rabash, Artículo 28, “¿Qué es, Su guía está oculta y revelada?”).
Por un lado, el Creador nos pone un semáforo delante, y estas leyes de la naturaleza son absolutas. Puedes maldecir al semáforo, pero eso no servirá de nada, salvo quizá en el caso de que te dirijas a la causa, a quien lo maneja. Hoy en día, a veces, cuando hay mucho tráfico, se ve a un policía dirigiendo el tráfico. Entonces tienes a alguien a quien gritar.
Pero si se desconoce la causa, no ves al policía, el semáforo funciona según un mecanismo interno y no gritas. No tienes a quién recurrir porque la gobernanza está oculta. ¡La naturaleza! A partir de este ejemplo, queda claro hasta qué punto comprender la causa te eleva a un nivel diferente en relación con la situación.
Sí sé que es el Creador quien lo dispone todo para mí, entonces inmediatamente me dirijo a Él. No miro el semáforo, miro al policía. Si veo tanto al policía como al semáforo, miro a quien dirige el tráfico porque la salvación vendrá de allí. Entonces todas las leyes de la naturaleza pierden su importancia.
Por eso el Creador no se revela. Porque si se revelara, yo me aferraría a Él debido a mi deseo de recibir, y nunca podría liberarme de su control. Esto es lo que ocurrió originalmente con Maljut del mundo del infinito. Para liberarse de esto, debe haber una restricción, un distanciamiento, y el deseo de recibir debe corregirse y convertirse en un deseo de otorgar.
Deseo de otorgar El deseo de otorgar

