El deseo en el que se revela el Creador

Pregunta

Habla con gran seguridad de cosas que para usted están claras. Pero, ¿Por qué tenemos ese velo que nos tapa los ojos? ¿Por qué somos incapaces de oír?

Respuesta:

Porque aún no has alcanzado ese nivel de desarrollo del deseo. En este momento, eres como un niño pequeño que mira a un adulto y no entiende lo que este quiere de él.

 

Supongamos que hay un deseo en ti que designaremos como círculo A. Y dentro de mí también hay un deseo que designaremos como círculo B. Estos dos círculos deben alinearse entre sí para que se forme un segmento compartido entre  ellos.

 

Este segmento común son las partes superpuestas de tu círculo y del mío; su naturaleza debe ser tal que yo no te perciba a ti y a mí dentro de él, y tú no me  percibas a mí y a ti; más bien, percibimos una tercera entidad, algo compartido, separado de nuestros otros deseos, con los que no podemos conectarnos de esta manera.

 

Este es un deseo del siguiente nivel. Está por encima de nuestros otros deseos actuales. A través de él puedo entrar en la otra persona. Es decir, el segmento común, separado de nuestros yoes individuales y que representa el lugar donde existimos el uno dentro del otro, es precisamente ese campo, ese deseo, en el que se revela el Creador.

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Alcanzar el primer punto de adhesión con el Creador

 

Todo nuestro camino espiritual consiste en fusionarnos con el Creador: “No hay nadie más que Él”. Al alcanzar el primer punto de adhesión con el Creador, la persona debe aferrarse a él. Naturalmente, tan pronto como lo alcanza, llegan inmediatamente nuevos Reshimot (registros) destrozados, aunque uno aún no lo comprenda ni lo sienta.

Hay que ser muy sensible con ellos y reconocerlos lo antes posible, para que una persona no se encuentre varios días después en un lugar lejano.

 

Tu trabajo debe ser continuo. Debes sentir constantemente ese despertar de los Reshimot, y estos Reshimot se manifiestan como pensamientos y deseos ajenos que buscan alejarte del punto de adhesión que has alcanzado.

 

Una persona comienza a luchar contra ellos, intenta superarlos por sí misma, con el grupo, a través de la garantía mutua y, finalmente, en la plegaria al Creador. Y si es así, entonces todos estos pensamientos y deseos ajenos que despiertan después del punto de adhesión empujan a uno a conectarse con el Creador, a estar en contacto con Él.

 

Entonces, la persona ya no los considera pensamientos y deseos ajenos, sino que los considera útiles, enviados por el Creador para que puedan expandir el punto de adhesión, darle volumen y transformarlo en un embrión.

Así, una y otra vez, una persona se anula a sí misma basándose en todo tipo de pensamientos y deseos ajenos que surgen dentro de sí misma. “Ajenos” significa que te desconectan de la adhesión, y no tienen por qué ser necesariamente “sucios”. Si, basándote en ellos y a pesar de ellos, fortaleces la adhesión y los unes a la santidad, entonces se vuelven “santos”, otorgando. De esta manera, avanzas.

 

El avance de una persona no depende de alcanzar un estado de iluminación, sino de la constante aparición de deseos y pensamientos ajenos que uno reconoce como interferencias en la adhesión, en la conexión con el Creador, con “No hay nadie más que Él”, y la persona desea superarlos mediante el poder de la plegaria.

 

Después de todo, uno quiere fusionarse con el Creador, por lo que el medio para ello también debe ser el propio Creador. Una persona se vuelve hacia Él, le pide la fuerza de adhesión más allá de todos los obstáculos y, así, expande el dominio de la santidad.

 

Una persona debe establecer en su corazón y en su mente que la grandeza de la espiritualidad se alcanza sobre la base de una anulación de sí mismo cada vez mayor. Cuanto más capaz es uno de anularse a sí mismo, más avanza y crece, sobre la base de todos los pensamientos y deseos ajenos. Estos aumentan constantemente, como una montaña de dudas, y uno se eleva por encima de ellos cada vez, y así crece sin desprenderse de la adhesión.

El Creador es la meta y el grupo es el ayudante.

 

Pregunta:

¿Cuándo debemos trabajar en reconocer la grandeza del grupo o del Creador?.

Respuesta:

Debería esforzarme por reconocer la grandeza del Creador. Después de todo, tengo asuntos precisamente con el Creador. Él es mi principio, Él es quien me da fuerzas y Él es mi meta. Sin embargo, recorro este camino en contra de mi deseo de recibir. Debo reconocer y cultivar al Creador dentro de mí, partiendo del estado opuesto. Por lo tanto, para apagar mi “Yo”, ego, mi interés en él cuando aparezco como aquel que recibe, utiliza y disfruta, obviamente lo establezco como mi objetivo, pero no puedo utilizarlo.

 

No puedo mantener la conexión con Él, si mi deseo de recibir revela solo placer, apoyo y satisfacción en Él. Entonces, en lugar de Él, necesito a alguien con quien trabajar y poder utilizar lo para avanzar en mi intención con el fin de otorgar. En esencia, esto significa un grupo en lugar del Creador.

 

¿Por qué? Un grupo puede criticar mi trabajo. Por sí solo, inicialmente no satisface mi deseo de recibir. A medida que voy conociendo al grupo, no siento placer, confianza, eternidad ni perfección. Pero si trabajo en ello y quiero revelar estas propiedades dentro del grupo, entonces empiezo a sentirlas.

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