Una vez tuve una vecina en el apartamento de al lado cuyo hijo pequeño estaba enfermo de una inflamación cerebral. Recuerdo cómo, a eso de las dos o tres de la mañana, mientras yo iba a la lección, ella llamó a mi puerta y me trajo a este niño, un pequeño bulto, me lo entregó y me dijo desesperadamente: «Tómalo». Eso fue todo. Ese es el tipo de estado al que no podemos llegar. ¡Lucha!