Al entrar en cualquier mundo, el período de adaptación a él, la acumulación de conocimientos iniciales con los que nos desarrollamos posteriormente, es el mismo en nuestro mundo y en el espiritual, es la misma naturaleza, no tiene nada de antinatural. Al contrario, es tan natural como el desarrollo de los bebés hasta el nivel de personas pequeñas.
Nosotros somos iguales, no tenemos otra opción que aprender de ellos. Cuando yace un recién nacido: la gente empieza a arrullarlo, intentan estimular y poco a poco responde, el adulto sonríe, y él bebe sonríe, aprende literalmente todo, y de esta manera se programa a sí mismo desde el adulto, porque en realidad es un deseo vacío en el que todavía no hay nada.
Necesita llenarse de conocimientos, habilidades, impresiones y crear algunas conexiones en su interior. Puedes hacer cualquier cosa con él, de la misma manera, con nuestro deseo de espiritualidad, liberamos una cierta área para nosotros y decimos: “Esta es el área que quiero programar ahora y llenar con impresiones espirituales, no de nuestro mundo”.
Y si quieres esto, tienes que actuar como un bebé recién nacido que aún no se ha convertido en un pequeño ser humano. Esto es lo que nos ofrece la Cabalá, y podemos hacerlo porque no hace falta ser inteligentes, solo hay que entender que de esta manera se accede al mundo Superior.
Por eso es necesario que pases de manera consciente por la etapa por la que pasaste en este mundo inconscientemente cuando naciste. La naturaleza te empujó hasta allí, y ahora la naturaleza exige que lo hagas, que te coloques conscientemente como un recién nacido en relación con el mundo Superior y quieras adoptar todas las impresiones y propiedades de él.
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