Mi marido y yo no entendemos cómo nos elegimos el uno al otro. Somos tan diferentes, como el agua y el fuego. Y cuando recuerdo cómo sucedió, recuerdo que no lo elegí por sus hermosos ojos, no hubo un «a primera vista» entre nosotros. Y no porque sea guapo o fuerte.
Lo elegí por el olor. Pero no era el perfume; era el olor de mi infancia. Ni siquiera sé cómo explicarlo. Por eso le pido, por favor, que me lo explique: ¿cómo pudo el olfato conquistarlo todo: el carácter, la belleza, todo? (De una carta al Dr. Laitman)