La razón es que la persona tiene que pedirlo, solo así lo considerará como de su propiedad, que se lo ganó, que lo hizo por sí mismo; en este caso, se sentiría legítimamente orgullosa y propietaria de esta cualidad y por estas acciones.
Digamos, en nuestro mundo si una persona es grande a mis ojos y he hecho algo para ella, recibo un gran placer de esto, sucede automáticamente, no tengo que hacer ningún esfuerzo. Es lo mismo con el Creador, si Él es grande a mis ojos, entonces no hay problema en hacer cualquier cosa para complacerlo a Él.