En el trabajo espiritual, como regla general, una persona da y otra recibe; de lo contrario, no hay conexión entre nosotros. Por lo tanto, puesto que nosotros, como creaciones, somos inicialmente receptores, lo más importante es desarrollar dentro de nosotros la intención por la que estamos recibiendo.
Recibimos para dar contento al Creador. Entonces no tendremos problemas.
Esto es similar a lo que ocurre con un niño pequeño. Si el niño come lo que la madre le da, a ella le produce alegría, aunque, en principio, el niño lo disfrute por sí mismo. Pero un cabalista siempre añade intención a este proceso.