Anya escribe: «Vivimos con nuestros padres (suegros), mi marido insistió en ello porque queríamos ahorrar dinero y ahora no puedo soportarlo más, ¡estoy que reviento de odio hacia su madre! Lo critica todo: cómo cocino, cómo plancho, cómo educo a los niños. Todavía no podemos mudarnos, y mi marido dice que tenemos que esperar al menos un año más, no sé qué hacer, no puedo vivir así; ahora mismo, me he encerrado en mi habitación y te escribo. Comprendo que es mi ego, que tengo que adaptarme a mi suegra de alguna manera, pero no puedo controlarme. ¿Acaso no tiene ego? Uno muy grande».