Rabash: Entre dos polos

Pregunta:

Un día Rabash se comprometió a enseñar a jóvenes no religiosos. ¿Qué probó con esto? ¿Que la Cabalá no es una religión? ¿O que tenía que hacer algo diferente? 

Respuesta:

Pienso que desde mi ejemplo, vió que se podía dar un siguiente paso aquí y no pudo contenerse, provocó una revolución espiritual. 

 

Seguro que Baal HaSulam pudo haber hecho lo mismo. ¡Él habría hecho cualquier cosa! Este hombre estaba dispuesto a romper todos los límites. Rabash, sin embargo, no se lo podía permitir. No se sentía a esa altura, siempre estuvo bajo su padre. Incluso en las fotografías, Baal HaSulam mira hacia arriba y Rabash, estando junto a él, tenía su cabeza hacia abajo. Parece muy simbólico.  

 

Pero a partir del trabajo conmigo, se dió cuenta que algo en lo qué invertir, si yo llevaba a otros estudiantes. Por eso estuvo de acuerdo.

 

Comentario:

Probablemente es difícil para muchos entender lo que significa para Rabash, quien vivió toda su vida en un entorno religioso, de pronto decidir y aceptar como estudiantes a quienes no tenían nada que ver con todo esto en absoluto.

Mi Respuesta:

Sí y no. Por un lado el camino espiritual pone a la persona en un estado de miedo constante, porque lo lleva hasta el punto más bajo y por otro lado, lo desarrolla hasta el punto más alto. 

 

Te encuentras entre dos polos y no tienes opción. Literalmente movido por cada partícula de polvo, por cada hoja, como un conejito bajo un arbusto y al mismo tiempo entiendes que no hay solución, que estás obligado a actuar.

   

Lo sentí después. Pienso que mis estudiantes también, gradualmente comienzan a entender la brecha que existe en el enfoque del mundo en cada alma.

 

De este modo siempre tenemos miedo, como dicen, temblando ante el Creador; tanto como con grandeza, como con fuerza. Estos dos opuestos tienen que estar en cada uno de nosotros, cuanto más difieren, más poderosa es la persona. 

 

Estoy seguro que Rabash tenía ambos. Esto te acompaña constantemente, no puedes escapar. 

 

Además, ambos opuestos se tienen que fusionar  —tanto miedo, como fuerza—  lo que hace posible avanzar, dudando constantemente y seguirse realizando uno mismo. Por eso él lo hizo. 

 

Era apremiante cambiar la situación y llevarla a un común denominador. Yo tuve un gran trabajo; pero pronto salí de él, porque me dí cuenta que si me atoraba en esto, entonces no sería yo mismo. Por eso, seguimos nuestra línea personal de comunicación con él.

 

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