Es una cuestión con un significado subyacente. Si resolvemos esta cuestión, la tarea que tenemos ante nosotros pasará de ser general a una específica. En ese momento, la distinción entre yo y la vasija general desaparecerá. Al estar interconectados, nos percibimos como un todo único y conectado. El placer es el resultado de nuestras acciones hacia los demás y hacia el Creador.