En la decena debemos sacrificarnos para acercarnos a nuestros amigos y fundirnos con ellos.
Al principio, no sacrificamos nada porque, al fin y al cabo, empezamos a comprender que lo que antes nos parecía una adquisición ahora en realidad es como una prisión. Por lo tanto, solo ganamos sacrificándonos en aras de nuestra unidad.