Esto no significa que el problema no me vaya a afectar, porque sí lo hará. Pero la sensación de miedo y amenaza se divide entre todos en la percepción de las personas. En la medida en que estoy conectado con los demás, me preocupo menos por las dificultades.
Pero si llega la alegría, no disminuye cuando se comparte con todos. Porque la alegría se siente junto con todos. La desgracia se siente dentro de uno mismo, pero la alegría se siente fuera, entre nosotros. La fuerza benevolente que creó el mundo entero actúa sobre todos y no se divide. Si llega la alegría, todos se regocijan plenamente.
Además, la alegría compartida aumenta la alegría de cada uno. Por ejemplo, llega la noticia de la victoria en una guerra. Esa alegría no se divide entre un millón, dejándome con una millonésima parte de felicidad. Al contrario, se multiplica por un millón, ¡y siento una alegría un millón de veces mayor! Salgo a la calle, veo a todo el mundo celebrando y me lleno de felicidad, de una forma completamente diferente a como me sentiría si estuviera solo en casa.
La fuerza de la unidad tiene una cualidad única y maravillosa. Divide la desgracia entre todos, mientras multiplica la alegría y la felicidad entre todos. Esto se deriva de la fuente misma de la creación, del hecho de que surgimos del punto del Big Bang, de una sola fuerza.
Por lo tanto, hoy revelamos que toda la naturaleza es un solo sistema. Cuanto más nos acercamos a esta fuerza, más nos parecemos al sistema unificado de la naturaleza, más ganamos, y ganamos mucho, en lugar de una millonésima parte, ¡obtenemos un millón multiplicado por un millón!
Si a través de la educación integral, aprendiéramos a utilizar esto correctamente, alcanzaríamos la cima de la felicidad.