Naturalmente. Al principio una persona se convierte en un gran egoísta, incluso más que los demás, porque revela su verdadero ego, no el egoísmo pequeño y animal que todos tienen.
Si le preguntas a alguien en la calle si es un egoísta, te dirá: «No, soy una persona normal. Claro que me preocupo ante todo por mi familia, mis hijos y mis seres queridos, luego por mi ciudad, mi país y, más allá, por toda la humanidad». Naturalmente, hay distintos círculos de preocupación, pero no soy egoísta. Quiero que todos estén bien porque estoy seguro de que si todos están bien, yo también lo estaré.
En otras palabras, las personas se justifican a sí mismas. Y solo aquellos que estudian Cabalá comienzan a ver que, en realidad, odian a todos y solo buscan la manera de utilizarlos.