Una hermosa parábola judía dice así: Los ricos habitantes de un pueblo contrataron a un hombre para que cuidara sus posesiones por la noche y sus grandes casas. Una noche, un sabio se encontró con el vigilante y le preguntó: “¿Para quién trabajas?”, el vigilante le respondió y a su vez preguntó al sabio: “¿Para quién trabajas?” Estas palabras traspasaron el corazón del sabio, respondió con tristeza: “Resulta que no trabajo para nadie”. Caminaron durante un largo rato y hablaron. El sabio le preguntó al vigilante: “¿Vendrás a trabajar para mí? Estoy dispuesto a pagarte lo que pidas. «¡Con mucho gusto! Pero, ¿qué tendré que hacer? preguntó el vigilante. “Sigue recordándome”, dijo el sabio.