Una persona comienza a imaginarse a sí misma como única y superior, y al hacerlo, se destruye y se daña a sí misma. Equilibrar el egoísmo que se manifiesta en el grupo es un gran problema, debemos tratar a todos y al grupo en su conjunto como al Creador, y debemos esforzarnos por ponernos a la completa disposición de la decena.
El trabajo espiritual debe crear una conexión entre nosotros para que nos valoremos mutuamente y descubramos que todos somos apreciados, debemos de estar en igualdad. Así es como empezamos a respetarnos y a valorarnos unos a otros.