Esto significa que uno debe reconocer lo que necesita antes de rezar, y rezar para que el Creador satisfaga su carencia (Rabash, «¿Qué es la pesadez de la cabeza en el trabajo?»).
Está escrito que uno debe rezar basándose en sus carencias. ¿Cómo puedo descubrir cual es mi carencia? Para reconocer la carencia espiritual, solo tengo que darme cuenta de que mis cualidades son opuestas a las del Creador, comprenderlo intelectualmente, por así decirlo, y sentirlo en lo más profundo de mi ser. No tiene nada de especial.
Lo más notable es que el Creador realizó un milagro. Me concedió la sensación de que mi forma actual es contraria a lo que suelo sentir; además, me otorgó un Kli (vasija espiritual) adicional procedente de un mundo espiritual totalmente opuesto al mío.
El descubrimiento de la carencia y las dos vasijas espirituales
Así que ahora tengo dos tipos distintos de vasijas. En primer lugar, hay una pequeña chispa de deseo de otorgar (Ner Dakik), conocida como iluminación de la santidad o punto en el corazón. Esta chispa es un fragmento que queda tras la ruptura de la vasija colectiva del alma. En segundo lugar, están mis cualidades egoístas, mi forma ordinaria y natural.
Ahora puedo examinar, analizar, reflexionar y llegar a la conclusión de que, en la medida en que puedo ver mis cualidades a través de mi punto en el corazón, estas son opuestas al Creador.
Esta realización es solo el comienzo de mi relación con la espiritualidad; aún no supone mi verdadera entrada en el mundo espiritual. Muchas personas experimentan esta sensación, se ponen en contacto con nosotros, vienen aquí, reciben esta experiencia y, posteriormente, se van a casa y nunca vuelven.
¿Por qué? Porque a partir de aquí hay un paso más. Puesto que percibo mi oposición al Creador, debo encontrar la solución adecuada a la pregunta de qué hacer con este conocimiento. ¿Qué puedo extraer de la interacción entre estos dos sistemas? Tengo que relacionarme con ellos de forma correcta.
Esto no significa que deba buscar Kelim específicos para mejorar y elevarme al nivel del Creador por mis propios esfuerzos. Si lo veo así, me doy cuenta de que no puedo hacerlo.
El comienzo con la espiritualidad El Creador lo precede todo
Entonces me rindo y abandono la Cabalá. Me digo a mí mismo que este trabajo no es para mí y que está más allá de las capacidades humanas. El Creador está en el cielo y yo estoy en la tierra. Déjame vivir en paz. Es mejor cerrar los ojos y no ver nada, quedándome en mi propia naturaleza.
Estar atrapado entre el mundo espiritual y el material es un sufrimiento terrible. Sentirse constantemente como un extraño, insignificante, malo, experimentando sensaciones desagradables y una profunda desesperanza. ¡¿Para qué?!
En otras palabras, la disparidad entre el mundo material y el espiritual debe abordarse de forma correcta inmediatamente; de lo contrario, uno cae en la depresión, en un estado de desesperanza del que no hay salida.
El reconocimiento del mal debe convertirse inmediatamente en un punto de partida para actuar con fe por encima de la razón; yo no puedo hacer nada por mí mismo, pero el Creador sí puede. Además, Su plan incluye llevar a cabo mi corrección en la medida en que se la pida a Él.
¿Cómo haré para pedirle esto al Creador? Para ello, debo valorar Su grandeza y humillarme ante Él. Así es como recibo Su consejo y me uno a Él. En última instancia, la adhesión es lo que logramos.
Si procesamos todos estos datos correctamente, nos damos cuenta de la necesidad de contar con un grupo que nos dé la fuerza necesaria para relacionarnos adecuadamente con los estados que se van desarrollando. Y entonces se pasa rápidamente a la siguiente etapa del trabajo. Esta transición nos revela que la naturaleza de la verdadera oración es más profunda de lo que pensamos
La siguiente etapa es un trabajo serio. Constituye una plegaria dirigida al Creador, que solo puede llevarse a cabo mediante la fe, por encima de la razón.
La oración es una petición completa y el desarrollo del alma
Pregunta:
¿La conexión con el Creador se expresa en la oración o en la respuesta a la oración?
Respuesta:
La respuesta a una oración depende de la propia oración. No hay nada que no pidamos desde abajo; solo la forma en que llega la respuesta depende del nivel de desarrollo de quien la solicita.
Digamos que un bebé está llorando; no puede pedirle a su madre: Quiero 30 gramos de tu leche, que me darás amamantándome, hay ciertas sustancias en la leche que me harán crecer. El niño no conoce todas las causas y consecuencias; ni siquiera, sabe lo que necesita. Simplemente llora por su carencia insatisfecha (Jisarón), y la madre, guiada por este llanto, sabe lo que necesita.
Pero si un adulto empezara a gritar en la calle como llora un bebé en la cuna, nadie lo entendería, mientras que los llantos del bebé son comprensibles: o bien algo le molesta, o bien, tiene hambre.
Un adulto puede tener mil razones para gritar. Debe expresar su llanto de una manera muy comprensible: qué es exactamente lo que quiere y por qué, qué le aportará, y cómo puede pedírselo a los demás. Ya tiene que organizar de alguna manera una conexión con otras personas, porque no es algo natural.
El ejemplo del llanto y la oración que elevamos (MAN)
Desde Arriba se nos trata de la misma manera, dependiendo de nuestro nivel de desarrollo. Pero, MAN, la oración que elevamos es una petición completa. Es decir, a un bebé le basta con gritar, porque dentro de su llanto ya hay una petición a lo superior de principio a fin. Y el superior comprende esta súplica y la descifra.
El bebé no sabe por qué llora, pero la súplica que eleva es MAN, que contiene toda la información, como si lo supiera todo al cien por cien. Lo mismo ocurre con el trabajo espiritual.
Ojalá ore todo el día: Cómo alcanzar el estado de verdadera oración
Pregunta:
¿Cómo podemos alcanzar un estado en el que la oración no sea falsa?
Respuesta:
Todas nuestras oraciones son falsas. Cuando una persona llega al punto en que ya no puede elevar una oración, entra en el estado de verdadera oración. Antes de eso, todas sus oraciones son falsas.
Está escrito que debemos permanecer siempre en oración, como dice: «Ojalá ore todo el día». Debemos esforzarnos por orar con toda seriedad, desde pensamientos profundos. Una vez que estos cesan, llega el momento de la verdadera oración.
Debemos comprender algo: no todo lo que entendemos funciona en absoluto. Nuestra mente se siente saturada. Imagina que terminas esta lección satisfecho, comprensivo, feliz por haberlo entendido y lleno de sabiduría. De hecho, sientes exactamente lo contrario: todo es confuso, poco claro y, en general, no tienes idea de cómo seguir este camino.
¿Cuál es la diferencia entre estos dos estados, aparte de la falsa sensación interna? Es engañosa porque no sabes por qué te produce esa sensación. Está escrito que debemos permanecer siempre en este trabajo, bajo un estado de oración constante, como dice: «Ojalá ore todo el día»

