Cuando comencé a estudiar Cábala, no había fuentes donde se describiera el trabajo interior de una persona; todas estaban ocultas. Incluso mi maestro Rabash guardaba todo esto en su archivo. Y solo porque estudié con él, fui su asistente, secretario y estudiante, tomé todo el archivo y comencé a publicarlo. De lo contrario, ¡no habría pasado nada!