Ustedes no saben hasta qué punto todos somos gobernados desde Arriba. El maestro que tienen aquí es como un altavoz, una parte del sistema superior que les pasa a ustedes todo el conocimiento, y no más que eso. No agradecen ustedes a los altavoces por le decirles cosas bonitas, ¿verdad? Así deben relacionarse con el maestro. Ustedes deben respetar el dispositivo a través del cual reciben una transmisión desde el cielo, pero eso es todo.
Quiero advertirles, porque esa es la diferencia entre la adoración ciega y la verdad. Yo siento más que otros la medida en la que estoy gobernado desde Arriba, y nada de lo que tengo es mío. Estoy siendo absolutamente sincero: en realidad sólo cumplo con los mandamientos de Arriba. El único trabajo del hombre es ser gobernado. Y cuanto mayor es, más gobernado es. A esto se le llama ser el «siervo de Dios», que es el grado de Moisés.
Después de todo, no hay que olvidar que debemos tratar de ser sensibles a lo que el Creador nos está diciendo, dentro de nosotros. Y debemos actuar en consecuencia. Siento que se acerca. Y entonces ascenderemos al grado de Bina, seremos capaces de oír lo que está diciendo Él, lo cual es ya es el grado de Bina. Y más tarde ganaremos «visión».
Así que tratemos de no depender del maestro, porque es limitado y transitorio. Más bien, convirtámonos todos en un recipiente (Kli), que, al unirse, sea capaz de ver y reaccionar ante lo que el Creador le dice a él. Eso es lo más importante. Escuchar eso, sentir eso, se llama «vida».
(61141- De la conversación durante la comida antes de la Convención en el desierto de la Arava, 11/18/2011)
