Nuestros sabios dijeron (Berajot 59): “Rabí Elazar dijo: “Desde el día de la ruina del Templo, las puertas de la plegaria han estado cerradas. Aunque las puertas de la plegaria han estado cerradas, la puerta de las lágrimas no lo han estado” (Rabash, artículo 3, “¿Cuál es la diferencia entre la puerta de las lágrimas y el resto de las puertas?”).
Nos esforzamos por unirnos. Celebramos días de unidad y otros eventos que simbolizan lo que es la verdadera conexión. La unidad con el Creador se logra a través de la unidad entre los seres creados mediante un Kli común que corregimos al unirnos unos con otros.
Para ello, es necesario organizar correctamente todos los componentes, de modo que una persona contemple las condiciones para alcanzar la unidad con el Creador y, de ese modo, pueda definir claramente esas condiciones.
Al reflexionar sobre esas condiciones, comienzan a examinarse a sí mismos: ¿Siento la necesidad de unirme al Creador? ¿Deseo sinceramente unirme a mis amigos? ¿Estoy dispuesto anularme ante ellos y aceptarlos como los más grandes de la generación?
Por supuesto, esto se refiere a la conexión espiritual, y no a la conexión corporal de los amigos. Aunque Baal HaSulam escribe que puede ser útil anularse de manera externa ante los amigos, aún no estamos preparados para ello, y hacerlo prematuramente puede traer artificialidad, confusión y daño a nuestras relaciones internas.
Partiendo de la meta final —la adhesión al Creador— la persona desarrolla las etapas del camino y evalúa los medios. Entonces ve cuán necesaria es la meta para ella y si la lleva a la puerta de las lágrimas.
La puerta de las lágrimas significa que una persona realmente desea reunirse con sus amigos, pero es incapaz de hacerlo.