Estás hablando de una persona que es como el viento en el campo. ¿Tiene un objetivo o no? Primero tiene que encontrarlo por sí mismo. ¿Qué quiero alcanzar? ¿Cuál es mi meta? ¿Existe o no? Si no, ¿entonces qué? ¿Debo simplemente mirar a mi alrededor? Estas personas se comportan así, aquellas tienen tal o cual meta, y otras pierden el tiempo a su manera. Así que elijo lo que está más cerca, es mejor y más fácil para mí. Sigo a las masas o a algunos grupos, y así me uno a ellos.
Pero si hablamos de individualidad, entonces debo encontrar mi propia meta personal. Después de encontrarla, necesito aclarar cómo se puede realizar: dónde, con quién y por qué medios. Entonces veré: si para ello necesito, por ejemplo, hacerme el mismo tatuaje, lo haré; si necesito aprender algo, lo aprenderé.
En otras palabras, el objetivo debe justificar los medios. El estado final debe determinar el camino hacia él. Mi estado actual no tiene sentido si no conozco el final, y soy como el viento en el campo: dondequiera que me lleve, allí voy. Es decir, no actuaré con mi propia cabeza, sino con la de otra persona, y lo que se me anuncie en ese momento se convertirá en importante. Y así, una persona da vueltas toda su vida, hasta que se debilita, acepta que «eso es todo» y muere.