La dificultad de nuestro trabajo radica en que, a medida que avanzamos hacia la espiritualidad o nos alejamos de este mundo —«Egipto» (este mundo se denomina «Egipto», y lo espiritual es «la Tierra de Israel»)—, nos encontramos con un gran problema: todo este proceso no se desarrolla según nuestra razón, y eso nos debilita enormemente.
En este momento, hay mucha gente aquí sentada, y cada una de ellas sintió en su día un ardiente deseo de alcanzar su objetivo, pero con el tiempo se han ido apagando. Se han acomodado en su lugar, se han adormecido y se han debilitado. ¿Por qué ocurre esto?
Según la razón y el sentimiento, una persona no recibe lo que espera. Uno desea avanzar de tal manera que se obtengan resultados claros dentro del deseo de recibir. El ser humano está hecho de tal manera que avanzar significa comprender mejor, ganar experiencia y fuerza, adquirir sabiduría y estar mejor preparado para cada nueva etapa.
Pero aquí parece que ocurre lo contrario. Cuanto más avanza una persona (sin darse cuenta de su progreso), más débil se vuelve, menos comprende y más teme lo que pueda sucederle. Ya ha vivido situaciones desagradables y, por eso, tiene miedo; no sabe lo que le espera más adelante y se rinde de antemano.
Lo importante aquí es confiar en la razón. Cuando leemos la historia del éxodo de Egipto, nos parece hermosa. Pero cuando ocurre dentro de nosotros, «y los hijos de Israel clamaron por el trabajo», cada vez se vuelve más difícil, con menos resultados visibles, y la persona levanta las manos. Están cansados y agotados. ¿Qué se debe hacer?
Por lo tanto, quien no se esfuerza constantemente por construir un sistema de apoyo para sí mismo no puede avanzar. Por ejemplo, ¿cómo trabajan los mineros? Se adentran en las profundidades, perforan túneles e instalan soportes. No son tareas sencillas. Para avanzar aunque sea un metro más, hay que instalar otro soporte, y otro más; no basta con excavar y seguir adelante.
Lo mismo nos ocurre a nosotros: si una persona avanza y desea que todo lo que ha hecho no colapse sobre ellos con tal peso que le impida levantarse, justificarlo en su corazón o en su mente, o recurrir al Creador, entonces debe mantenerse en un estado determinado.
Si hay perturbaciones que van en contra de la razón, recurren al sentimiento. Si hay perturbaciones que van en contra del sentimiento, se guían por la razón. Y si hay perturbaciones en ambos, ¿qué ocurre entonces? Entonces uno se sumerge en la lectura, en los artículos; y si eso no ayuda, los amigos le obligan a hacerlo, y esto ya es un estado más avanzado.
Por lo tanto, para avanzar, hay que sostenerse constantemente creando un sistema de apoyo que ofrezca una garantía real, la confianza de que uno no va a caer. No se trata solo de algo que mantenga a la persona en el camino; estas garantías se construyen en el alma a través del trabajo y el estudio. Uno las construye como si se lo demostrara a sí mismo, a las partes de su alma, preparando toda su estructura. Se trata de una labor muy importante.
Esto es necesario no solo para poder avanzar y no caer, sino que esta estructura perdura para siempre.
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Buscando la línea derecha
Pregunta:
¿Debe la comunicación en un grupo basarse en la línea derecha?
Respuesta:
En un grupo, debemos esforzarnos constantemente por conectar con la línea derecha. Es un estado donde todos despiertan la conciencia de la grandeza del Creador, la importancia de la meta y la naturaleza especial y única del grupo.
Después de que todos hacen esfuerzos, se revela la brecha entre nosotros y la Luz circundante. Si en verdad invertimos nuestro esfuerzo correctamente, comenzamos a sentir la necesidad del Creador y, entonces, una vez que Él se revela, sentimos una gran alegría.
Entonces, todos comprenden lo maravilloso que es hacer que otra persona sienta la grandeza de la meta, y desean escuchar lo mismo de sus amigos para darse cuenta de lo lejos que están de la meta. Estos dos puntos opuestos deben estar siempre presentes: cuán pequeño soy, y cuán grande es el Creador.
Pero este sentimiento debe ser creativo y constructivo para transformarlo en una acción útil. Solo deben revelarse cosas positivas en el grupo.
El efecto milagroso de la Luz
Pregunta:
El Creador sufre por el hecho de que no puede otorgar a la creación. ¿Por qué motivo la creación desarrollaría la necesidad de otorgar al Creador?
Respuesta:
La necesidad de otorgar llega a la creación desde Arriba sin que esta haya hecho nada para prepararse. Así como la Luz que llenó la primera etapa le dio su naturaleza, también la Luz circundante que desciende sobre quien estudia la Cabalá, quien desea conectarse con la raíz, le confiere sus cualidades.
Sin embargo, no estudia por el simple hecho de adquirir conocimientos, sino para llenar ese vacío en el corazón. Y entonces la Luz circundante, al influir en él, le aporta el encanto de la santidad y le infunde precisamente una afinidad por la cualidad de otorgamiento.
La Luz circundante despierta en la persona el deseo de otorgar. La persona no sabe cómo ocurre esto. No somos capaces de explicar cómo, del deseo de recibir, nace el de otorgar; del mismo modo que, a partir de la primera etapa de la Luz directa, se forma la segunda etapa. No tenemos palabras para expresar esta transformación.

