Pregunta:
¿Es posible que también haya guerras en el ámbito de la espiritualidad? Siempre pensé que allí solo había amor.
Respuesta:
Desde el principio de los mundos hasta el final, toda la realidad, salvo el único Creador, la única fuerza superior del amor, se sustenta en la lucha de los opuestos, es decir, en la guerra. Alcanzamos al Creador mediante el logro del amor como anulación absoluta del odio, la guerra y la oposición; es decir, en la anulación completa de cada uno ante los demás. De este modo, formamos la imagen del Creador en nuestro interior. Nosotros lo creamos. Como se dice: “Tú me has creado”.
Pregunta:
¿Usted se refiere a la lucha interior que cada persona lleva dentro? ¿Es esa la lucha espiritual?
Respuesta:
Sí, la guerra externa solo existe en el plano de lo animado.
Pregunta:
Usted dijo una vez que las guerras externas se producen porque no hemos librado adecuadamente nuestras guerras internas, y por eso surgen las guerras externas. ¿Podría explicarlo un poco más? ¿Significa eso que no llevé mi guerra hasta el final?
Respuesta:
Debería haber luchado. Debería haber resistido. Debería haberme mantenido firme y haber liderado las fuerzas de la Luz contra las fuerzas de la oscuridad que había en mi interior. Y así habría visto cómo llevaba al mundo hacia un estado de conexión, cercanía y amor entre todas sus partes opuestas. Y así transformo el estado de guerra en un estado de verdadera paz.
La paz es “Shalom”, derivado de “Shlemut”, que significa plenitud, unión completa (Hashlama). Por alguna razón, no logré completar esta labor en algún aspecto, y por eso permití que se manifestara incluso en su forma más baja en este mundo físico.
Pregunta:
Entonces, ¿para poner fin a esta guerra externa, debo volver de nuevo a mis guerras internas?
Respuesta:
Debo hacerlo, y todos deben hacerlo, porque la guerra externa solo existe para impulsarnos hacia la conexión interna.
Solo debemos haber luchado Cuando no haya guerra dentro de nosotros
Pregunta:
¿Entonces resolver la guerra mediante la intervención de fuerzas externas, en la que unos ganan y otros pierden, no es una solución real?
Respuesta:
Por supuesto que no.
Pregunta:
¿Habrá entonces otra guerra?
Respuesta:
¡Por supuesto! Así no se resuelve nada. Solo es un paso más en el camino, en la trayectoria, sobre cómo continuar la siguiente etapa de la guerra.
Pregunta:
¿Llegará de una forma u otra la siguiente etapa de la guerra? ¿Y tal vez sea aún más terrible?
Respuesta:
Por supuesto, mucho peor. Lo más importante es que, al inicio de un conflicto, determinemos rápidamente de qué se trata y lo resolvamos uniendo y complementando a las partes en conflicto de tal manera que revelen al Creador.
Pregunta:
Supongamos que hay dos bandos enfrentados que se odian mutuamente. ¿Cómo pueden detenerse de repente justo al inicio del conflicto?
Respuesta:
Superándose a sí mismos, superándose unos a otros e imaginando cómo sería el mundo si se unieran tanto que ya no pudieran distinguirse unos de otros, sino que solo percibieran la conexión que los une.
Simplemente es así El mundo es nuestra vídeo imagen interna
Invierte en los amigos
Pregunta:
¿Cómo puedo percibir el deseo en un amigo?
Respuesta:
No debo intentar ver el deseo en un amigo; más bien, debo dedicar esfuerzos a él, porque a cambio recibo una toma de conciencia de la importancia del Superior por parte de todo el entorno.
En otras palabras, puedo invertir esfuerzos en el grupo a través de unos pocos amigos específicos de quienes no veo nada directamente; de repente, puedo recibir un sentimiento adicional que me ayuda a inspirarme en una conciencia de la importancia del Creador que antes no percibía.
El grupo tenía una gran conciencia de la importancia del Creador incluso antes, pero yo llegaba allí y no veía nada de eso. Era como un gato entrando en una habitación. Si el gato pasara por aquí, ¿se inspiraría en lo que estamos hablando? ¿Se vería influenciado por ello? Lo mismo ocurría conmigo. Venía, me sentaba en mi lugar, estudiaba algo de ciencia con los amigos, miraba los dibujos en la pizarra y me iba. No tenía ningún efecto en mí.
Sin embargo, a través de los esfuerzos que invierto en la sociedad, recibo una sensibilidad adicional, y entonces empiezo a ver: ¡en efecto, ellos realmente aspiran a la meta, están tan profundamente inmersos en ella, luchan por ella con tanta seriedad! Entonces empiezo a experimentar una respuesta genuina hacia el grupo. Esto no depende del grupo, sino de los esfuerzos que he invertido.
El grupo puede permanecer exactamente igual, pero de repente empiezo a descubrir en él más y más fuerzas que son beneficiosas para mi avance, únicamente de acuerdo con los esfuerzos que invertí en él.
En consecuencia, ya no necesito exigir a los amigos que hagan algo por mí, que griten más fuerte —que sean más expresivos—, aunque estas expresiones tienen su lugar. De hecho, brindamos por aquellos que han logrado algo digno de elogio, y así sucesivamente. Es útil, da un ejemplo y, de una forma u otra, ayuda a todos. Sin embargo, mi trabajo principal consiste en que, al invertir esfuerzos, empiezo a ver la sociedad de manera diferente y a escuchar lo que sucede en su interior de manera diferente. Y esto es algo que uno no exige de los demás.
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