Debemos trasladar el terremoto externo a una sacudida interna del corazón, es decir, debemos sentir que todo depende de nosotros, y así es como podremos corregirlos. Si nos conectamos todos juntos, calmaremos todos los terremotos, la tierra no podrá temblar.
Un terremoto se produce cuando las placas tectónicas se desplazan unas respecto a otras porque se produce una rotura entre ellas y no hay conexión. Pero si los seres humanos nos conectamos entre nosotros, toda la Tierra se conectará y se estabilizará. No habrá más choques. De lo contrario, acabaremos en un planeta que tiembla por todas partes.
Solo necesitamos acercarnos unos a otros con el corazón, no hace falta nada más. Acercar los corazones es lo que corregirá el mundo.
Venir al congreso con el corazón abierto significa estar dispuesto a acoger en tu corazón a cada amigo de cada rincón de la tierra de donde haya venido, así como a todos aquellos que por diversas razones no hayan podido venir. Mi corazón está dispuesto a acoger a todos y en definitiva a toda la humanidad.
El corazón de cada persona es capaz de albergar al mundo entero. Cuando abracemos al mundo entero, no podrá ser sacudido por terremotos ni sufrir epidemias ni catástrofes naturales. Todo irá bien.
Si queremos conectar todos nuestros deseos y todas nuestras intenciones juntos y dirigirlos a un Creador, a una fuente, entonces llevamos nuestro mundo a un estado estable. No habrá cambios desagradables en él, y todo se moverá solo hacia un equilibrio aún mayor, suave, cuidadosa y lentamente. Viviremos en un mundo pacífico. Podemos conseguirlo.
Todo depende de la persona, pero solo cuando toda la humanidad sea como una persona, y no miles de millones de personas, cada una de las cuales tira en su propia dirección.
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