Pregunta:
En este mundo, en esta ilusión, se nos da la oportunidad de conectarnos entre nosotros. Al jugar en conexión unos con otros, ¿corregimos así lo espiritual?
Respuesta:
Al jugar con la unidad, invocamos sobre nosotros la luz circundante en la medida de su semejanza, como los niños que juegan y así invocan sobre sí mismos una fuerza especial que los desarrolla. Esta fuerza existe en la naturaleza. Si un niño no intenta jugar, hacer algo, no se desarrolla.
Lo mismo nos ocurre a nosotros según el mismo principio. Aquí no hay nada sobrenatural.
Intentamos unirnos, pero lo hacemos conscientemente. Sabemos que debemos invocar un poder superior y utilizamos todo tipo de consejos de los cabalistas para saber cómo hacerlo de la forma más eficaz. Por lo tanto, un grupo de diez personas se reúne con cierta intención y discute aquellos temas que nos acercan al poder de la luz.
Esta es la luz de la razón, la luz que nos llena y de la que se calienta nuestro interior. Así es como funcionamos.
Se le puede llamar un ritual, cómo los antiguos sacerdotes causaron algún tipo de fenómeno, no importa. Lo principal es que nuestras acciones deben estar dirigidas a desafiar la fuerza positiva de la naturaleza, que nos afecta de inmediato y poco a poco, paso a paso, comienza a cambiar con un propósito.
Estas acciones se vuelven vitales para ti, porque gracias a ellas cambias, y ocurre de forma absolutamente clara. Sientes cómo de vez en cuando se producen en ti realizaciones completamente diferentes, una comprensión de lo que está sucediendo y de tu relación con otras personas, con las fuerzas de la naturaleza. Además, tú mismo comienzas a influir en esta fuerza, la atraes de manera bastante intensa y cambias más rápido que todas las demás personas porque no aprovechan esta oportunidad. Esto es lo que nos da la Cabalá.

