A veces, al huir del honor, podemos conseguir el efecto contrario. Una persona puede empezar a pensar que tiene derecho a honores aún mayores: «Mira, he huido de ellos; ¡ahora debería tener más!».
Y aquí tenemos que hacer el cálculo correcto. Lo principal es anularse ante la decena y pedirle al Creador una cuenta de uno mismo.