Cuando miras a un alumno de Cabalá, tienes en cuenta todo su futuro

Comentario:

Usted dice que en realidad los hijos nunca aprenden de los errores de sus padres. 

Mi Respuesta:

Por supuesto, ¿Cómo podría ser eso? No puedes transmitir tu experiencia de vida a otro ni siquiera en nuestro mundo, y mucho menos en el mundo espiritual. 

 

Recuerdo que mi maestro se sentaba frente a mí en largas tardes de invierno en Tiberíades, y yo le atosigaba con las mismas preguntas, me miraba con compasión, con ojos llenos de piedad; él tenía unos ojos muy expresivos.

 

Vi que simpatizaba conmigo pero que no podía ayudar en nada más de lo que intentaba explicar, orientar y sugerir. Normalmente después de mis preguntas, suspiraba y decía: «Leamos algo», eso era todo, nada más.

 

Recuerdo que me sentí muy mal, fuimos con él a dar un paseo por el bosque de Beit Shemen, esto fue al principio de mis estudios; estudié con él alrededor de un año, y un año no es nada para estudiar Cabalá. Él vio que yo estaba completamente destrozado, le recé: «¡Ayúdame al menos con algo!» Por lo general, este tipo de peticiones no son típicas en mí, pero solté: «¡Ayuda!» 

 

Me miró con tanto dolor, como un padre dispuesto a darlo todo por su hijo enfermo sin remedio, pero que no puede hacer nada por ayudarle. Nos sentamos en un banco, aún hoy puedo mostrar este lugar. Sacó de su bolsillo el artículo «Me has rodeado por detrás y por delante» («Achor Ve Kedem Tzartani«) y empezó a leérmelo. Se trata de un artículo del libro A Sage’s Fruit, que en aquel momento estábamos preparando para su publicación. 

 

En principio, el título de este artículo puede traducirse como «Te controlo desde todos los lados». No puedo decir que entendiera nada de lo que decía. Pero, ¿qué más se le puede dar a un principiante?

 

En este caso, se trata de aquellas personas que se esfuerzan por penetrar en el sistema espiritual; se sienten mal porque no lo conocen y no lo alcanzan, ¡y este dolor habla en su interior! Después de todo, nada corpóreo me presionaba en aquel momento, estaba perfectamente asentado, sano y joven. ¡Era espiritualidad lo que me faltaba!

 

Pregunta

¿Puede usted evaluar ahora cómo lo percibía en ese momento? Usted, de hecho, formaba parte de él. 

Respuesta:

Por supuesto, yo estaba incorporado en él. Me percibía como un pequeño sistema que necesitaba ser ajustado, y él simpatizaba con él y realmente quería ayudarlo, y reaccionó de forma natural. ¿Qué más se puede hacer? Solo hay que seguir trabajando con él y esperar los resultados. 

 

Por supuesto, estaba preocupado por mí, pero estaba preocupado como padre por un niño que no estaba en un estado desesperado. El padre tiene una medicina que da al niño todos los días y ve que al final el niño se recuperará y hará lo necesario. 

 

Un día no pude sobreponerme y no le seguí para llevarlo al mar, entonces lo llevó otro alumno, que por el camino preguntó: «¿Por qué siempre es solo Michael quien lo acompaña?». Rabash respondió: «No puedo hacer nada al respecto, tiene un alma especial».

 

Lo supe 20 años después por aquel amigo durante un encuentro casual. Ni siquiera pensé en ello y, además, me sorprendió que Rabash dijera eso de mí a otro estudiante.

 

Por lo tanto, cuando miras a un alumno, tienes en cuenta todo su futuro, y eso te dispone a tratarlo. Toleras sus travesuras y lo llevas hacia adelante, o le «pegas» más a menudo, o tal vez, por el contrario, lo sacas «de los pelos».

 

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