El alcance espiritual, ¿cómo se puede alcanzar la sensación de lo que se lee?

Cuando comenzamos a estudiar la sabiduría de la Cabalá, al principio, no comprendemos el significado interno de cada palabra, ni revelamos la fuerza Superior que hay detrás de ella. Pero gradualmente, comenzamos a descubrir un significado más profundo.

 

Es decir, ya no me limito a leer una palabra, sino que empiezo a sentir y a revelar el objeto espiritual que se esconde tras ella, emergiendo gradualmente como de entre la niebla.

 

Así es como poco a poco alcanzamos el alcance espiritual. Resulta que hay dos etapas: educación y alcance. Educación significa que estamos estudiando, pero aún no lo hemos alcanzado, solo nos estamos acercando al significado. Y más tarde, empezamos a alcanzarlo de verdad.

 

La cuestión es que los alcances no dependen de lo bien que una persona haya estudiado o de lo a fondo que sepa todo lo que está escrito en el libro. Eso no tiene ninguna importancia. Lo que más importa es que uno corrija su cualidad egoísta y la transforme de recepción a otorgamiento, por amor a los demás.

 

Incluso puede suceder que uno no sea muy conocedor del material, ni particularmente inteligente. Pero si han corregido su actitud hacia los demás, entonces dentro de esta relación corregida percibirán los conceptos espirituales y los alcanzarán.

Corregir su cualidad egoísta   El único camino hacia el alcance espiritual

Pregunta:

¿Cómo puedo estudiar si no puedo confiar en mi propia mente, no comprendo el significado de lo que está escrito y nunca he experimentado el alcance espiritual? Por ejemplo, si estuviera aprendiendo chino, aprendería nuevas palabras cada día y gradualmente empezaría a entender lo que está escrito.

Respuesta:

Eso es porque, en el caso del chino, se trata de una realidad que percibes.

 

Pero la Cabalá habla de una realidad que aún no sientes. Por lo tanto, puedes leer estos libros durante mil años y aun así no entender de qué están hablando.

 

La cuestión es: ¿cómo se puede alcanzar la sensación de lo que se lee?

 

Y esta sensación solo es posible a condición de que adquiramos la cualidad de otorgar, además de la cualidad de recibir con la que hemos nacido. Nos pasamos toda la vida desarrollando estas cualidades innatas de recepción, aprendiendo cada vez más sobre cómo recibir. Todos nuestros pensamientos en este mundo giran únicamente en torno a cómo obtener el mayor beneficio posible y evitar el daño.

 

Pero ahora tenemos que unirnos a otras personas y empezar a trabajar por ellas, preocupándonos por darles lo que les beneficia y protegiéndolas de cualquier daño, como si fueran nuestros propios bebés. Sin embargo, cuando se trata de nuestros propios bebés, nos dejamos llevar por el amor instintivo y natural, el que poseen naturalmente los padres de este mundo. Pero con respecto a otras personas, debemos desarrollar esa actitud en oposición a nuestro egoísmo y contra su resistencia. Y esto no es nada sencillo.

 

Sin embargo, si lo conseguimos, construiremos una conexión en un nuevo nivel, por encima del rechazo. Por debajo queda el egoísmo, la aversión a los demás, la separación, pero por encima de todo eso, construyo una conexión con ellos.

 

Entonces, entre el menos de abajo y el más de arriba, creamos diversas formas de conexión dentro de las cuales comienza la circulación y surge una nueva fuerza, una fuerza llamada fuerza Superior.

La cualidad de otorgar  Alma cualidad de otorgar

Revelar la unidad del Creador

 

La misión de una persona que existe en la realidad especial llamada este mundo es revelar que está bajo la completa autoridad de la fuerza Superior e identificarse con ella.

 

Para que una persona se descubra a sí misma como existente, se le ha dado la inclinación al mal, es decir, pensamientos y deseos opuestos a la fuerza Superior, dados deliberadamente para que él mismo pueda afirmar la unidad del Creador en toda la creación y desear adherirse a Él.

 

Una persona debe revelar que en ella, en sus pensamientos y deseos, reina la fuerza Superior y que es precisamente esta fuerza la que organiza todos los deseos a partir de los cuales percibe la realidad completa: A sí misma, y al mundo que la rodea. Del mismo modo, fuera de ella, en lo que percibe como externo, es la misma fuerza la que lo determina todo y le dibuja la imagen del mundo.

 

No hay nada más que Él, mientras que el Creador se presenta a una persona en todo tipo de formas, en millones de detalles que componen esta imagen, el hombre debe, mediante grandes y muy difíciles esfuerzos que requieren mucho tiempo, revelar que no hay nada fuera sino el Creador, incluyendo toda la naturaleza inanimada, vegetativa, animada y los seres humanos.

 

La persona misma está bajo la completa autoridad del Creador, aparte de ese único punto desde el cual observa todo y afirma la unidad del Creador en toda la realidad. Este punto debe estar fuera del Creador, aunque también es artificial y existe porque el Creador lo creó así. Sin embargo, puesto que existe, una persona puede decretar que, en efecto, no hay nada más que el Creador.

 

Este es todo nuestro trabajo. No tenemos otro mandamiento que decretar y revelar que el Creador es Uno en todas las formas, estados, acciones y nombres: Adonai, Elokim y otros.

 

Todos ellos hablan de la fuerza Superior que organiza toda la realidad para nosotros. Al revelar esta fuerza como: «No hay nada más que Él» en cada estado, alcanzamos un cierto peldaño en la escalera espiritual.

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