De forma gradual, estas dos fuerzas mutuamente opuestas comienzan a desarrollarse a través de las cuatro fases de Luz directa de donde emerge el deseo de recibir que completa su formación en la última, cuarta fase, Maljut.
De Maljut se ramifican los mundos: Adam Kadmón (el prototipo del hombre futuro), Atzilut, Beria, Yetzirá y Asiyá. Su propósito es el debilitamiento gradual de la Luz y el desarrollo simultáneo del deseo: a menor Luz, mayor el deseo. El deseo se desarrolla hasta nuestro mundo al absorber la Luz.
En el proceso de desarrollo del deseo, se producen diversas acciones.
Cuando alcanza nuestro nivel, se desintegra, absorbe la Luz y comienza a desarrollarse en una semejanza de Luz, es lo que nos sucede.
El hecho es que corporalmente, en la forma en que ahora nos percibimos, no existimos. Nuestro mundo y nosotros mismos somos una ilusión en nuestras sensaciones. Percibimos todo dentro de nosotros mismos.