Para salvar a los seres creados de esta separación titánica, tuvo lugar la primera restricción, separando la fase cuatro del resto de los Partzufim [plural de Partzuf] de Kedushá [Santidad] para que esa gran medida de recepción permaneciera como un espacio vacío desprovisto de cualquier luz (Baal HaSulam, Prefacio a la Sabiduría de la Cabalá, ítem 14).
El hecho es que cuando el Creador creó el deseo, lo llenó de luz, con la ayuda de la cual le dio al deseo la oportunidad de desarrollarse. Luego hizo desaparecer la luz del deseo, y éste quedó vacío.
Esta limitación del deseo de sentir la luz se llama restricción (Tzimtzum). La luz se ha reducido a sí misma, se ha retirado del deseo que creó y está, por así decirlo, fuera de él.
Entonces el Creador hace que la Luz entre en el deseo de acuerdo con la acción del deseo mismo: «Pídeme y entraré en ti. Pídemelo y te llenaré. Pídeme y me acercaré a ti, brillaré sobre ti. Entonces tú y yo seremos socios». Esto es lo que la luz quiere del deseo creado.
Aquí surge entre ellos un cierto sistema de interacción e interrelación. A partir de este estado, ya podemos hablar de la creación y del Creador, del deseo y de su realización. Esta es prácticamente toda la sabiduría de la Cabalá, que estudia cómo la creación recibe llenado de la Luz y cómo regula el llenado con la Luz dentro de sí misma.
El desarrollo del deseo de recibir: Anatomía de la creación del deseo – cuatro fases de luz directa

