El mundo a través de los ojos del Creador

Pregunta:

Nos sentimos a nosotros mismos con algún tipo de atuendo físico, pero los cabalistas, al mirar este mundo, probablemente no ven individuos. ¿Lo perciben de manera distinta, tal vez como un acuario en el que los peces pequeños se andan escurriendo? 

Respuesta:

No, no ves a las personas como cuerpos proteicos, sino como deseos. Los miras brillar, fundirse, acercarse y alejarse; y necesitas de alguna forma, asegurarte que eventualmente lleguen al contacto preciso.

Pregunta:

Nuestras preocupaciones cotidianas, por decir martillar un clavo o hacer cualquier otra cosa, ¿Las perciben los cabalistas simplemente como deseos?

Respuesta:

Estos son deseos mecánicos bestiales. De forma automática, se despiertan en nosotros, por medio de ese motor común que hace avanzar a todos. Tenemos que trabajar también con ellos, son parte nuestra. 

 

Como en nuestro mundo existe un vasto universo y existe una clara causalidad de que a cada momento, cada molécula y cada átomo, se encuentran en cierto estado de su propia y específica interacción con todos los demás. 

 

¿Podemos imaginar este sistema? Después de todo, ¡es infinito! ¿Qué mantiene en una relación recíproca a los átomos de las incontables estrellas, nebulosas y galaxias en un sistema determinado? Es increíble para nuestro aparato conceptual. 

 

¿Cómo se puede pensar todo esto al mismo tiempo, programar, mantener y llevar a todo el sistema en un estado de digamos, naturaleza vegetal? y es incluso más complicado: todos los movimientos en cada molécula, en cada combinación, ocurren a un nuevo nivel cualitativo. Entonces, todo se mueve hacia el nivel animal: a amebas, a todos los vertebrados más simples y así consecutivamente. ¡Se convierte en un enorme sistema! 

 

Pero cuando es activado por una fuerza, la fuerza del máximo placer, porque el sistema mismo consta del deseo de recibir placer, resulta que todo se pondera, se calma y se suma al todo.  

 

Es muy simple, no se requiere nada más. A cada átomo ingresa su deseo. El placer es dado desde arriba y todo se alinea en un estado determinado. Absolutamente todo en el mundo forma un “plato” común

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