El deseo de la mujer por el hombre produce un alma. Y también, el deseo del hombre por la mujer y su adhesión a ella produce un alma, que incluye el alma del deseo de la mujer y la toma. Así, el anhelo del inferior, lo femenino, se incluye en el anhelo del superior, el masculino, y las dos almas se convierten en una, sin separación.
Y entonces la femenino lo contiene todo, tomando ambas almas y quedando impregnada por el masculino en ellas (Rashbi, Zóhar para Todos, Lej Leja, «Como un manzano entre los árboles del bosque»).