Los cabalistas nos aconsejan que dividamos nuestros deseos en otorgamiento y recepción

Pregunta:

Digamos que estoy en otorgamiento, aparentemente sin ningún cálculo, por encima del conocimiento, pero al mismo tiempo, existe el cálculo de “lo que es mío es mío” y “lo que es tuyo es tuyo.” ¿Cómo transformamos este estado al estado de “lo que es tuyo es tuyo” y “lo que es mío es tuyo”? ¿Cómo encaja esto?

Respuesta:

“Lo que es mío es tuyo” y “lo que es tuyo es tuyo” es otorgamiento absoluto, la actitud más elevada que una persona tiene hacia la otra. “Lo que es mío es mío” y “lo que es tuyo es tuyo” es recepción completa. Entre ellos, existe “lo que es mío es mío” y “lo que es tuyo es mío”—esto es puro egoísmo. 

 

¿Cómo puedo conectar estos estados? Todo lo que puedo dar, lo doy. También recibo todo. Puedo recibir por el bien de otro porque, en este caso, mi recepción es como otorgamiento. Resulta que doy todo lo que puedo, y todo lo que recibo también es equivalente al otorgamiento. Así actuamos.

 

Si todos nuestros pensamientos son solo por el bien del otorgamiento, entonces somos completamente justos. Si queremos todo para nosotros mismos, somos totalmente malvados, pecadores. Aquí nace el dilema: ¿Cómo dividimos nuestros estados en pecadores y justos? 

 

Por lo tanto, los cabalistas nos aconsejan que dividamos nuestros deseos en otorgamiento y recepción. Los que trabajan para otorgar se llamarán justos, y los que trabajan para la recepción se llamarán pecadores.

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