Uno debe saber en su corazón que el Creador lo persigue tanto como él persigue al Creador. Uno nunca debe olvidar eso, incluso durante el mayor anhelo. Al recordar que el Creador lo extraña y lo persigue para aferrarse a él tan intensamente como uno mismo lo desea, entonces siempre va de fuerza en fuerza, con anhelo y añoranza, en un Zivug (acoplamiento) sin fin, la perfección completa del alma, hasta que es recompensado con el arrepentimiento por amor (Baal HaSulam, Carta No. 19)