No necesitamos pruebas para entender que la naturaleza es inteligente, porque estamos dentro de sus leyes, dentro de sus reglas, dentro de parámetros inmutables o cambiantes. Nosotros mismos somos consecuencia de sus leyes y reglas.
Y no tenemos que probar nada, estamos dentro. No puedes separarte de la vida, del sol, del aire, de la hierba y de los árboles, incluso si estás en otro lugar o en otro planeta. No puedes salirte del contexto de la naturaleza, porque eres parte integral de ella.
Cuando estudiamos la naturaleza inanimada, vegetal y animal, vemos que todo está gobernado por su ley general, que nos conduce a una meta determinada, al nacimiento, a la muerte, etc.
Si nos vemos a nosotros mismos, no sentimos esta ley. Solo podemos hacer conjeturas al respecto, porque está por encima de nosotros, más alto que nosotros. Pero es una sola ley, la única que nos domina, nos gobierna casi sin ceremonias sin pedir nuestro consentimiento, se hace evidente a cada paso.
Es decir, no puedes decir que la naturaleza está por debajo de ti. Eventualmente, estás incluido en ella como una unidad pequeña e insignificante.
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