Porque lo más importante para nosotros es poder detener el paso de la Luz, sentirla, determinarla y evaluarla antes de recibirla.
Solo después de haber decidido lo que estamos recibiendo podemos “masticar” la Luz como alimento en nuestra boca, usando nuestros 32 dientes, lengua y saliva, y permitir que este alimento nos llene y sea absorbido por nosotros. En la Cabalá, esto se estudia con gran detalle