Muchos antiguos griegos temían la pregunta de Sócrates, en la que a menudo cuestionaba: “No te da vergüenza que te importe el dinero, la fama, los honores y que no te preocupe tu alma y tampoco pienses en ella para que esté lo mejor posible?”
Alcibiades, un político y estratega de ese tiempo, odiaba a Sócrates y decía: “Sócrates me hizo sentir vergüenza y cuánto deseé que ya no estuviera entre los vivos”.