Pregunta:
¿Por qué el Creador no nos da la capacidad de comprobar si nuestras acciones son correctas?
Respuesta:
Es muy sencillo. Si realmente me veo a mí mismo como el único en el mundo y relaciono esto con el Creador y con el hecho de que debo actuar en relación con Él, entonces realmente no tengo forma de saber quién soy, qué soy, quién es el Creador o qué hace, porque Él está oculto.
Si Él está oculto, entonces yo mismo estoy en ocultamiento. No tengo nada con lo que pueda compararme.
Si solo existieran el Creador y el ser creado, entonces no se podría hacer nada. Imagina que existe el Creador y existe la criatura. ¿Y entonces qué? ¿Cómo se puede elevar a la criatura al nivel del Creador? Si el Creador se revelara, la criatura estaría completamente bajo Su poder y se vería obligada a realizar actos de otorgamiento sin saber por qué lo hace. Sería igual que ahora, cuando estamos dominados por el deseo de recibir.
Debemos estar bajo la influencia de dos tipos de naturaleza. Pero, ¿cómo pueden suceder ambas cosas simultáneamente? La que tenga mayor influencia es la que yo elegiré. Puesto que yo mismo estoy hecho del deseo de disfrutar, obtengo placer tanto de recibir como de otorgar. También percibiría la presencia del Creador como placer, y entonces estaría en impureza o en santidad, porque se puede recibir placer de ambas.
Para que una persona sea independiente, el Creador debe ocultarse. Entonces surge la pregunta: ¿cómo puede una persona para quien el Creador está oculto evaluarse a sí misma? Si una persona no tiene un punto de referencia con el que medirse a sí misma, orientarse y determinar quién es y qué es, ¿cómo podría avanzar?
Por lo tanto, el Creador, al ocultarse para no sobornar a una persona con placeres, le dio al grupo en Su lugar, algo a lo que una persona no puede venderse a sí misma. Por un lado, el grupo no le da placer como lo hace el Creador, ni le da vida como lo hace el Creador. Por otro lado, es una fuerza externa, algo fuera de él.
Por lo tanto, si una persona quiere aferrarse al Creador conectándose con el grupo y entregándose a él, entonces, en relación con el grupo, adquiere la verdadera intención de otorgar y se vuelve similar al Creador de manera genuina. En esencia, utiliza el otorgar al otro para llegar a ser como el Creador.
No tiene sentido esperar cientos de años
La realidad no tiene por qué culminar su evolución con una explosión. Puedes poner fin a la Guerra de Gog y Magog en un pequeño laboratorio, o puedes desatarla sobre el mundo entero; eso no importa. Lo que te importa es reconocer el mal.
Si tienes un microscopio, puedes detectar el mal antes de que se manifieste y comience a extenderse. ¡Ves de antemano que hay un agente infeccioso capaz de destruir el mundo entero! Y eso es todo. Tenemos que atraer toda la Luz posible para que nos lo revele.
No hay ningún parámetro externo concreto al que puedas señalar y decir: «¡Aquí está, el Monte Sinaí!». Este parámetro es tu tensión, provocada por el hecho de que ya no puedes tolerar el mal. Baal HaSulam escribe que esto depende del nivel de desarrollo de cada persona.
Una persona evolucionada que practica la Cabalá, la luz que regresa a la fuente, ya ve lo terrible que es. No hace falta mostrarle nada más.
Así pues, no tiene sentido esperar otros cien años, pues entonces no sería el camino de la Torá, sino el camino del sufrimiento. El propósito de que se nos haya entregado la Torá, la Cabalá, es que podamos recorrer este camino «externamente», sin esperar a alcanzarlo a través del desarrollo natural. De una forma u otra, tendremos que esforzarnos. La única diferencia es si será en el sufrimiento o en la alegría
Descubre Al pie del Monte Sinaí
Exclamemos, maravillémonos
Recordémonos mutuamente y dejémonos inspirar por la grandeza de nuestra meta espiritual, por el entorno que aspira a ella y por la oportunidad única de libertad de elección que se nos ha concedido. ¿Cuántas personas en el mundo tienen en verdad la posibilidad de actuar libremente? Si todas las personas actúan según los dictados de su naturaleza, entonces no hay nadie que esté «actuando» de verdad.
Si estoy completamente gobernado desde Arriba, entonces no existe ningún «yo». Se dice: “Vine, y no había ningún hombre”.
Hay mucha gente, y sin embargo es como si no existieran, pues ninguno de ellos es libre en sus actos. Si no hay ningún ser humano que posea libre albedrío, entonces no hay mundos, no hay nada en absoluto salvo el mundo del infinito (Olam Ein Sof).
En lo que respecta al Creador, no existe nada más. Solo existe aquel que realiza una acción libre.
Imagina este cuadro de la realidad: ¡un vacío absoluto! Y en él solo se vislumbran unos pocos deseos, que han surgido y son capaces de realizar acciones libres.
¡Y tú tienes la oportunidad de ser igual de libre y de convertirte en el Hombre (Adam)! Por eso, tomemos conciencia de la grandeza de esta oportunidad única.
Seguir leyendo No hay escapatoria del sistema de adam

