Hay una configuración absoluta para todos los elementos de la creación y para toda la creación en general: mirarla como la mira el Creador, justificar absolutamente, otorgar y amar. La fuerza superior procede precisamente de eso en relación con lo que ha creado.
Si no puedo tratar así a todos los seres creados, entonces, en la medida en que no los trato con amor absoluto, reina en mí el egoísmo, que debo corregir hacia un estado de amor completo por todos.