El desarrollo multifacético del egoísmo ha llevado a que mate simultáneamente en nosotros el sentimiento de familia, la relación entre hijos y padres, nuestra naturaleza, las artes, la ciencia y toda la cultura en general.
No solo funciona en la economía. Funciona en todo. Como resultado, el ego destruye nuestra estructura familiar, pública, estatal, política y social. Pero aun así tenemos que actuar. Hay más de un factor en juego. Toda nuestra vida está construida sobre el egoísmo, y tenemos que cambiar todo esto.
Somos tan egoístas que no nos importa nada, ni el hecho de que las familias se estén desmoronando ni el terrible ambiente social; no nos importa. Cuando se trata de nuestro bolsillo, de la economía, entonces creemos que ha llegado la crisis. Sin embargo, estamos acostumbrados a que antes “yo trataba a todo el mundo como a un perro y los demás me trataban igual. No pasa nada, todo está bien”.
Esto indica hasta qué punto la crisis y nuestro desarrollo en general nos han llevado a un estado tan bajo: No me importa, me retiro en casa, no necesito esposa, no necesito hijos, puedo encargar todo para mí, servirme fácilmente y eso es todo; me importa un bledo todo el mundo.
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