La propiedad altruista de dar al prójimo no se basa en leyes universales. Simplemente la sociedad, como resultado de su desarrollo, concluye que esto es mejor, más conveniente y más seguro. Por tanto, acepta esta condición o acepta que es buena. Pero, de hecho, esta propiedad es opuesta a nuestra naturaleza.
Después de todo, si queremos llegar a la unidad absoluta entre nosotros, a “amar a tu prójimo como a ti mismo”, debemos cambiar nuestra naturaleza. No nos basta con decir que la ley del Creador es una actitud altruista hacia los demás. Todo el mundo necesita estar convencido internamente de que nuestra naturaleza actual es mala y que la similitud con el Creador que se nos ofrece es bien absoluto.