Como dijeron nuestros sabios (Nidah, 16b) y estas son sus palabras: “Rabbi Hanina Ben Papa dijo: Ese ángel designado al embarazo, se llama Laila [night]. Él toma una gota, la coloca ante el Creador y dice a Él: Señor del mundo, ¿En qué tendría que convertirse esta gota? Un fuerte o un débil, un sabio o un tonto, un rico o un pobre? Pero malvado o justo, él no dice: (Rabash, Artículo 10, ¿Cuál es el grado que uno debe alcanzar para no tener que reencarnar?”.
Esa gota de semen, a partir de la cual emerge una persona es prácticamente neutra y contiene todo. En la sabiduría de la Cabalá, entendemos qué elementos, qué buenas o malas acciones tenemos y cómo podemos acelerar o alentar nuestro buen o mal desarrollo. De entrada, esto es con lo que lidia la Cabalá práctica.
Pregunta:
¿Eso significa qué el tipo de persona que uno será, fuerte o débil, inteligente o tonto, rico o pobre, no está en nuestras manos?
Respuesta:
Todo depende de la gota de semen, a partir de la cual el hombre se desarrolla. Pero una persona determina si por medio de buenas acciones, puede influir en su destino. Él tiene que elegir, si será justo o malvado. Esta es la única elección y todo lo demás, ya está dado desde la gota de semen.
Pregunta:
¿En relación a qué se determina, si uno es malvado o justo?
Respuesta:
En relación al cumplimiento de los preceptos. ¿Amará a las demás personas, desde el “ama a tu prójimo como a tí mismo”, ley fundamental de la Torá; y tratará al mundo de esta manera?
Es decir, ser malvado no necesariamente significa alguna forma de acto malo. Es suficiente con que piense en sí mismo y esto ya es un pecado.

