Cuanto menos corregidas están nuestras vasijas de recepción, menos podemos abrir nuestra boca para recibir Su abundancia, por miedo a la disparidad de forma, como en “Aquél que come lo que no es suyo, teme ser mirado a la cara” (Baal HaSulam, El Estudio de las Diez Sefirot, “Observación interna”, Capítulo 5, Punto 22).