Los juegos de actuación intelectuales se han convertido en una alternativa a las tradicionales reuniones festivas. Empleados, directivos, médicos y profesores evitan con entusiasmo explosiones en centrales nucleares, atrapan a maníacos y persiguen planos de submarinos secretos. En resumen, se sumergen de lleno en las misiones.
De niños leíamos libros y veíamos películas sobre héroes, y soñábamos con llegar a ser como ellos. Pero más tarde nos dimos cuenta de que la vida deja poco espacio para el heroísmo cinematográfico o incluso para la simple aventura. Así que, ¿Por qué no jugar a lo imposible?
Pero hay otra cara de la moneda: Un verdadero héroe debe ser un ejemplo a seguir, ¿no? Y no solo un ejemplo de saltar en paracaídas desde aviones con paraguas o hacer acrobacias. No, un héroe debe ser cercano a nosotros, además, más allá de luchar contra enemigos, problemas sociales o catástrofes, debe superar algo dentro de sí mismo para ayudar a los demás.
Un héroe así inspira admiración, la que viene acompañada de buena voluntad, porque trae el bien al mundo. Más que eso, representan lo que desearíamos que cada persona pudiera ser.
Todos necesitamos una imagen significativa de un héroe que sepa entregarse a los demás a pesar de los desafíos. Y que todo el mundo se imagine en su lugar; que todo el mundo aspire a ser como ellos. Entonces, cuando salga del teatro o de un juego de actuación y vuelva a la vida real, actuará de la misma manera.