Hay un dicho popular en América latina: “Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”. ¿Por qué, a medida que crecemos, perdemos esta sinceridad y veracidad? ¿por qué evolucionamos hacia la mentira?
Porque nuestra mente se desarrolla para protegernos del daño que podemos hacernos a nosotros mismos. Como siempre perseguimos satisfacción egoísta, nos sentimos obligados a ocultar este deseo por eso nos engañamos todo el tiempo. Todos somos mentirosos porque no queremos hacer nada bueno a los demás, pero somos hipócritas, por fuera fingimos que hacemos buenas acciones.
Intentamos ocultar nuestras intenciones, que sólo tienen como objetivo utilizar a los demás en beneficio propio.
Sólo el entorno determina lo cerca o lejos que estamos de la verdad. El entorno nos afecta y puede cambiarnos radicalmente de una polaridad a otra. Puede hacer que sea bueno y amable con los demás o lo contrario, hasta el punto en que me vuelva irreconocible.
Si creamos una sociedad en la que todos quieran construir buenas relaciones, que sea el valor más importante, podremos enseñar a niños y a los adultos a tener relaciones correctas, para que todos sientan que dependen de los demás y estén obligados a comportarse cuidadosamente. Si sentimos nuestra dependencia no será difícil en absoluto tratarnos con calidez.
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