El primer paso para alcanzar el amor y el otorgamiento, es el asombro. Es similar a una madre que está constantemente atemorizada, preocupándose por su hijo, y por todo lo que le ocurre. Este miedo natural e innato, vibra constantemente en su interior y no le da paz. Debemos alcanzar la misma actitud y cuidado hacia el Creador. Necesitamos tener una constante preocupación y necesidad.
Necesito revisarme a mí mismo, si estoy pensando en Él o si puedo añadir algo más a mi cuidado? Si quiero alcanzar la cualidad de Biná, entonces aquel a quien quiero dar es como mi hijo para mí. No importa que lo llame el Creador. Me preocupo y cuido de Él, al igual que a un niño, ¡porque quiero ser un otorgante! Aquí es donde comienza la conexión de una persona con el Creador.
Pero antes de eso, debemos alcanzar la misma conexión llena de asombro con la humanidad, o al menos, con una pequeña parte de ella, con nuestro grupo. Debo aprender a cuidarla como a una persona muy querida y apreciada. En nuestro mundo tenemos ejemplos similares en el cuidado de nuestros hijos o padres, es decir, de alguien ajeno a nosotros pero unido a nosotros con lazos inquebrantables.
Un miedo interior, el asombro debe vivir dentro de mí: ¿Seré capaz de ayudarles y traerles el bien? Esta es la cualidad de Biná de la que todo parte, y sobre ella, empezamos a construir el otorgamiento y el amor. El Creador nos da tales ejercicios dentro de nuestro egoísmo para que podamos alcanzar gradualmente otra realidad, una altruista, para que tengamos ejemplos, y una base desde la cual construyamos dentro de nosotros la cualidad de Biná, y de otorgamiento.