Un número infinito. Lo que dividimos en 125 grados se puede subdividir una y otra vez, sin fin.
Vemos que toda la humanidad, tras haber atravesado sus ciclos a lo largo de, digamos, cien mil años de existencia, aún no ha llegado al pasillo que conduce al mundo espiritual. ¿Y por cuántos estados diferentes habrá pasado una masa tan enorme de personas durante esos cien mil años, cada minuto, cada segundo?
Ni siquiera podemos imaginar a qué nos enfrentamos realmente. Pero en la espiritualidad es más sencillo, porque el grado inferior, con toda su diversidad, se integra en el grado Superior como un único elemento.
Es decir, toda la naturaleza inanimada se considera una unidad en relación con la naturaleza vegetal; toda la naturaleza vegetal se considera una unidad en relación con la naturaleza animada; y toda la naturaleza animada se considera una unidad en relación con el ser humano.
Y toda la humanidad se considera como una unidad en relación con lo divino. Por lo tanto, no hay complejidad. Al contrario, todo se vuelve cada vez más sencillo.